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Paulina Gamus

Una vida enriquecida por el barro de la historia

La primera vez que leí sobre Paulina Gamus, fue en un libro titulado La rebelión de los Náufragos de la periodista Mirtha Rivero.  Este trabajo —que versa sobre la caída de Carlos Andrés Pérez— contiene, en una de sus partes, entrevistas a personalidades y protagonistas de los años 80 y 90 en Venezuela.  Un  testimonio incitante y suscitador de temas claves de la realidad venezolana despertó en mí el ánimo de conocerla.

En mi último viaje a Caracas (finales de junio, comienzo de julio del 2015) conocí a la valiente periodista Nitu Pérez Osuna, a instancia de mi amiga Rocío Guijarro. Nitu logró conseguirme una entrevista con Paulina Gamus, no sin antes sugerirme de que acudiera bien preparado a la cita: vas a entrevistar, me advirtió, a un personaje muy  sofisticado.

En un viaje sin escalas, en metro y taxi, llegué a su departamento ubicado en una zona cuyo nombre no recuerdo. Me recibió con una atención y confianza que aún me sorprende. Se trataba de una mujer esbelta, lucida, con carácter. Entablamos un dialogo abierto, increíblemente generoso con el tiempo. Luego de una hora de iniciada la conversación llegó su marido.  Lo recuerdo en sillas de ruedas y con una vitalidad desbordante. Saludó amablemente y procuró no interrumpirnos.  La conversación continuó sin pausas. Llegando al final del encuentro me obsequió su autobiografía, un libro de un titulo sugestivo: Permítanme contarles.  Estampó una dedicatoria en la que erróneamente se refiere a mí como periodista. Pensé: es la primera persona que me califica de ese modo.

Me agradeció la visita, luego de un cálido abrazo. Nos despedimos.

Por un accidente personal desgraciado perdí la grabación del encuentro.  Pero me quedó su libro.

Dos meses después, en un tradicional bar de la capital tucumana, me dispongo a leer Permítanme contarles.  Mientras leo se me atraviesan fragmentos de nuestro encuentro. Pienso —permítanme decirles—  que este libro es un afortunado escándalo. Basta con hojear los capítulos, ingresar en su temario, seguir el hilo de su intrigante relato, para quedar fascinado en sus vivencias, en las hipótesis que plantea, en las argumentaciones que despliega, en las aventuras teóricas con las que se compromete.

Y anoto —mientras pido un segundo café, en el tradicional bar de la capital tucumana— divertidísimas anécdotas como las ocasionadas por la excesiva fealdad de Luis Beltrán Prieto,  dirigente sindical de los años 50; aquel acto homenaje a Gloria Capiello de Peñalver, esposa del ministro de educación Luis Peñalver, durante el primer gobierno de Pérez; los accidentados discursos durante los mítines políticos en plena campaña Piñerua; la festejada presencia de Jaime Lusinchi en el concierto de la Orquesta Filarmónica de Caracas, a tres días de dejar el poder; el chistoso intercambio parlamentario con el inolvidable Oscar Yanes,  durante el segundo gobierno de Pérez; y el beso de un recién asumido Hugo Chávez, que sorprendió a  Paulina. Historias olvidadas, en apariencias banales, pero sociológicamente significativas. Siegfried Kracauer, refiriéndose a Georg Simmel, señaló: “el lugar que ocupa una época en el proceso histórico se puede determinar de una manera más convincente a partir del análisis de sus manifestaciones superficiales y en principio insignificantes.”

Y pienso —digamos, a falta de verbo más preciso— que Paulina sabe qué hacer con la materia autobiográfica, y en vez de brindarnos una historia repulida y jactanciosa, concibe un relato seductor y vigoroso que revela tanto de sí misma como de aspectos desconocidos de la vida venezolana. Y luego de haberla leído, y hasta, digamos, conocido, creo que Paulina representó, y hasta inauguró, un nuevo modo de ser en la política venezolana: la joven que sin aval ni patrimonio previo, y que sólo a fuerza de potenciar cada una de sus cualidades, conquistó un lugar relevante en un campo que hasta entonces sólo había sido reservado para los hombres.

Permitanme Contarles

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Mural, centro de CaracasMural, centro de Caracas

Municipio Libertador del Distrito Capital.Municipio Libertador del Distrito Capital.

Plaza Altamira, Caracas

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